Abril, 2016Redacción: Cecilia Nicolini

Economía naranja y desarrollo

By Federico Mazzella Abril, 2016
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Redactor: Cecilia Nicolini
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  Ideas de Integración n236

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¿Cómo puede la innovación contribuir a generar empleo y mejorar la vida de los latinoamericanos? ¿Cuáles son las sinergias con la integración física, política y comercial en la región?

236_e_IDEAS1_img1Un mexicano pasa días y días en su minúscula habitación de Tijuana intentando controlar el vuelo de un helicóptero hackeandolo con una placa Arduino[1] comprada por menos de 20 dólares. Dos veces fue rechazado por una universidad de su país para estudiar aeronáutica, pues pensaban que no cumplía con los requisitos tradicionales y se marchó. En Buenos Aires, un adolescente descubre que puede fabricar prótesis de manos a un coste bajísimo, ayudado por una impresora 3D. En Perú, una mujer que no llega a los 30 años sueña con ayudar a las mujeres de su país que no han tenido acceso a una educación formal y no tienen empleo a aprender a escribir código y convertirse en expertas programadoras web.

Todos ellos contribuyen a lo que se conoce hoy como Economía Creativa. Son protagonistas de este nuevo sector de la economía del siglo XXI que tiene como matriz la materia gris de las personas: sus ideas y su creatividad. Inmersos en una realidad que cambia cada día y donde predomina la incertidumbre, este sector responde con flexibilidad, dinamismo y se mantiene pujante aún en las turbulencias económicas más críticas.

 

¿Qué es la economía creativa?

Definamos brevemente lo que llamamos economía creativa. Evitaremos caer en discusiones semánticas o diatribas epistemológicas, ya que podemos encontrar muchas definiciones o términos que nos acerquen a entender este sector: industrias creativas, industrias culturales, economía cultural… Hasta se la ha definido como economía naranja en una interesantísima publicación de Felipe Buitrago del año 2011. Lo importante no es tanto cómo la llamemos sino qué actores están involucrados y qué impacto está teniendo en la economía.

Tomaremos como referencia el concepto que acuñó John Howkins en un libro que publicó en el año 2001[2], entendiendo a la economía creativa como aquellas actividades que tienen a la creatividad, las ideas y las artes como materia prima. Y que además se resguardan en la propiedad intelectual para generar valor (o derechos de autor), y guardan relación directa con cadenas de valor creativas.

Para Howkins existe una relación estrecha entre la creatividad y la economía y este sector comprende los bienes y servicios en los que su valor se fundamenta en la propiedad intelectual: arquitectura, artes visuales y escénicas, artesanías, cine, diseño, editorial, investigación y desarrollo, juegos y juguetes, moda, música, publicidad, software, TV y radio, y videojuegos.

Pero resulta aún más interesante y práctica la definición que recoge la publicación de Buitrago, destacando que la economía creativa o naranja como el la llama: “es el conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual. El universo naranja está compuesto por: i) la Economía Cultural y las Industrias Creativas, en cuya intersección se encuentran las Industrias Culturales Convencionales; y ii) las áreas de soporte para la creatividad.” [3]

Es interesante el especial énfasis que hace este autor en el área de soporte para la creatividad, resaltando la investigación, la innovación y el desarrollo, la formación técnica especializada, las instituciones que velan por la propiedad intelectual y la educación profesional creativa.

 

Contribución de la economía creativa a la economía mundial

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Buitrago Restrepo, Pedro y Duque Márquez, Iván. 2013. La economía naranja. Una oportunidad infinita. BID. Octubre.

 

¿Por qué ahora, qué ha cambiado en el mundo?

Entrando en este nuevo siglo, estamos experimentando un cambio completo de paradigma. Algunos lo llaman la cuarta revolución industrial, otros la revolución tecnológica o digital. Lo cierto es que la forma de organizarnos y relacionarnos del siglo pasado ha quedado muy atrás, y la economía de masas que caracterizó al siglo XX de a poco va quedando obsoleta.

Pensemos por un momento en las organizaciones. Estamos evidenciando un progresivo cambio de organizaciones jerárquicas y burocráticas a unas mucho más horizontales y colaborativas. La planificación era antes la prioridad en una organización, ahora pensamos en prototipar, en hacer, en experimentar. Las organizaciones eran cerradas y se nutrían de su propio talento. Hoy en día para sobrevivir es imperioso salirse del entorno para buscar y construir propuestas fuera. Conceptos como innovación abierta, o datos abiertos, afectan no solo a las empresas sino también atraviesan a la política, la cultura, la ciencia y la sociedad en su conjunto.

Las organizaciones necesitan escuchar más que hablar y sobre todo relacionarse en múltiples direcciones, en red. Aquellas que no se abran al ecosistema difícilmente sobrevivirán. La expectativa de vida útil de un negocio ha pasado de una media de 50 años a solo 5 en los últimos 20 años. Incluso aquellos gobiernos que no escuchen a sus ciudadanos podrán ver amenazada su estabilidad en mayor o menor medida.

 

236_e_IDEAS1_img3La tecnología se convierte en otro elemento clave de esta ecuación y protagonista del cambio. No es la tecnología en sí misma la que provoca el cambio, sino su impacto en todos los ámbitos, incluyendo la integración regional y el comercio. La tecnología nos permite producir más y mejor, y es cada vez más accesible y menos costosa. A través de la tecnología y de las plataformas digitales podemos producir un contenido en Argentina y en pocos segundos se estará reproduciendo en India, México o España. Nos permite poner en valor ideas incluso antes de contar con financiación para producirlas.

La tecnología nos ha devuelto la identidad. Difusos en una sociedad de masas del siglo pasado, volvemos a ser singulares y a diferenciarnos. Los consumidores exigen productos y servicios personalizados y hoy eso es económicamente viable y técnicamente plausible. No hay duda que el término prosumidor acuñado ya hace varios años por Alvin Tofler y que describe el poder que tiene el consumidor en el producto o servicio que va a comprar, está hoy más vigente que nunca. Somos espectadores pero también actores y creadores. Las redes sociales se han convertido en la nueva ágora. Revoluciones, protestas y hasta partidos políticos se han gestado en menos de 140 caracteres.

Si pensamos además en las posibilidades que se nos abren para mejorar nuestra salud y calidad de vida, y en última instancia alargar nuestras vidas, las opciones son infinitas. Podremos editar nuestros genes para curarnos de enfermedades incluso antes de manifestarse en nuestro cuerpo. Con tan solo una muestra de sangre podremos detectar si tenemos cáncer, y nos olvidaremos de los bombardeos químicos para luchar contra las células malignas. Será posible abastecer a los 9,5 millones de personas que habitarán el planeta en 2020 con agua potable, a través de plantas desalinizadoras a gran escala mucho más eficientes. Y esperamos conseguir de una vez por todas erradicar el hambre, con la ayuda de plantas que hagan súper-fotosíntesis produciendo así una mayor cantidad de alimentos.

Algunos tecnólogos más arriesgados y optimistas incluso sueñan con “la muerte de la muerte”. La llamada singularidad tecnológica que para algunos pronto alcanzaremos, hará que las máquinas comiencen a crear. ¿Cómo es esto? Un reconocido científico y fundador de Singularity University, Ray Kurzweil, asevera que en un futuro no muy lejano, el progreso tecnológico y los cambios sociales se acelerarán debido a los avances de la inteligencia artificial, y que los seres humanos anteriores a este hipotético momento no podremos comprender. La inteligencia artificial podrá recrearse a si misma, serán humanoides cada vez más inteligentes que incluso conseguirán descubrir la cura contra la muerte.

Suena un poco a ciencia ficción. Al menos para Paul Allen, filántropo y co-fundador de Microsoft quien le respondió a Kurzweil en un artículo de MIT Technology Review que si bien no descartaba que eso sucediese en algún momento, no creía que fuera a ocurrir en el mediano plazo. [4]

Mientras nos recuperamos del vértigo que generan estas hipótesis, veamos cómo economistas, tecnológicos y científicos analizan los posibles impactos que la tecnología puede tener en nuestras economías o que ya está teniendo. Los cambios tecnológicos pueden hacer un mundo mejor pero también traen nuevos desafíos aseveran Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, destacados profesores de MIT empeñados en estudiar y analizar el impacto de la tecnología en la economía.

En una de sus últimas publicaciones, The Second Machine Age: Work, Progress, and Prosperity in a Time of Brilliant Technologies, explican que mientras la tecnología ayuda a que la economía crezca más rápido – y por ello el vigor que hay en gran parte de las industrias creativas – no todos se benefician de igual manera. Comparado con la revolución industrial, pareciera que las tecnologías digitales crearan cada vez más lo que se conoce como “winner take-all-markets” o lo que se podría traducir “el que llegue primero se queda con todo”. Una situación que tristemente profundizaría la ya preocupante brecha de la desigualdad, entre otras cosas.

Sin embargo estos autores son optimistas en relación al progreso de la tecnología. Están convencidos que con buenas ideas se producirá más y mejor, lo que se traducirá en más salud, más educación, más infraestructura. Pero alertan que nos encontramos frente a un abanico de disrupciones económicas fruto de la digitalización del mercado y que por tanto debemos prepararnos como individuos y a nuestras instituciones para enfrentarlas. Y sobre todo enfocarnos en el talento. Los cambios a los que nos enfrentamos demandarán cada vez una fuerza laboral más preparada, mejor educada y muy creativa. El resto lo harán los… ¿robots?

 

Creatividad e innovación

Ante este escenario de cambio constante que nos demanda ser cada vez más flexibles, abiertos y resilientes, la creatividad será la llave para detonar el impacto que puede tener la economía creativa en la región. Como menciona John Howkins, “la creatividad no es ninguna novedad y lo mismo cabe decir de la economía: lo que es nuevo es la naturaleza y el alcance de la relación entre una y otra y de qué forma se combinan para generar una riqueza y un valor extraordinarios[5].

Volvamos a la idea de que podemos dar un salto cualitativo y detonar nuestra economía si nos centramos más en el talento y en las ideas. Durante mucho tiempo se creyó que la creatividad era un talento que unos pocos genios tenían, y que muy difícilmente podía adquirirse. Sin embargo la experiencia nos demuestra justamente todo lo contrario. La creatividad puede adquirirse, desarrollarse y perfeccionarse, y cada vez somos más conscientes de ello. Es una aptitud que se practica y no un talento con el que se nace.

Solemos sobre utilizar los términos hasta el hartazgo, generando en algunas ocasiones confusión o desconfianza entre lo que es o no es creativo. Hoy en día todas las personas, las empresas, las instituciones, las ciudades y hasta los países quieren ser creativos. Lo mismo sucede con el término innovación. Ambos se parecen mucho, pero mientras la creatividad es más subjetiva y reside en el individuo, la innovación es objetiva y en general se alcanza en grupo o dentro de un ecosistema determinado. La combinación de ambos es clave en este contexto.

Desde siempre hablamos de la creatividad que albergamos en nuestra región. Del talento que tenemos y la pasión que hemos desarrollado por la innovación y la tecnología. Contamos con Premios Nobeles de literatura, medicina y física. Albergamos las expresiones culturales más reconocidas del mundo como el Carnaval de Río o la Feria del Libro de Guadalajara. Fabricamos satélites geoestacionarios que lanzamos al espacio y contamos con médicos excepcionales que han aportado grandes avances a la medicina mundial.

Pero como decíamos, el talento y la creatividad hay que cultivarlos. Si queremos innovar, destacar y convertir nuestra región en el paradigma de la innovación y la economía creativa, debemos ser conscientes que para gritar eureka primero se debe trabajar muchísimo. Los emprendedores lo saben bien: 1% inspiración y 99% transpiración. Pero entonces ¿cómo conseguimos alcanzar que la economía creativa represente al menos la mitad de nuestro Producto Bruto Interno?

 

236_e_IDEAS1_img4En primer lugar y como eje central se trata de educación. En una región tan desigual como América Latina, la educación es una de las principales herramientas que nos permitirán alcanzar los niveles de desarrollo que deseamos. En los últimos años se ha hecho un esfuerzo muy grande, con resultados palpables en un mayor acceso a la educación y crecimiento del índice de alfabetización. Sin embargo, seguimos reprobando los exámenes internacionales y fallando en la calidad de la educación que queremos para nuestros hijos. La educación nos hace libres, nos abre mil oportunidades, nos empuja a crear.

En segundo lugar la atracción -o mejor dicho- la retención de talento. No solo se debe educar y enseñar a ser creativos, también se debe motivarlos, entusiasmarlos y animarlos a desplegar todo su potencial para generar un impacto en la economía. Atraer a los que se fueron, y conservar a los que tenemos. Y por qué no, recibir aquel talento de fuera que encuentra oportunidades de creación en nuestra región.

¿Pero cómo atraemos ese talento? Creando un ecosistema. Hoy más que nunca, a pesar de la ubicuidad que nos permiten las plataformas tecnológicas, sentirse parte de un sistema impulsa sin duda nuestro desarrollo creativo. Podemos innovar y ser más creativos si contamos con instituciones que cuiden nuestras ideas a través de patentes o derechos de autor. Gobiernos que inviertan en una educación de calidad. Congresistas que legislen a favor de la diversidad, la tolerancia y la libertad de expresión. Agencias que impulsen a las pequeñas y medianas empresas que hoy son el corazón de la economía creativa. Ciudades que promuevan el emprendimiento, con herramientas pero también con contención. Fracasar forma parte del proceso.

Y para que todas estas herramientas den paso a una nueva era de crecimiento y prosperidad, el acceso a la tecnología debe estar garantizado. Creemos que la conectividad se ha convertido en un derecho universal de las personas y garantizando su acceso crearemos sin duda un puente que unirá las dos brechas de la sociedad. Actualmente en el mundo 4 mil millones de personas no están conectadas, lo cual implica un serio impedimento para estrechar la brecha de la desigualdad. Nuevamente la creatividad ha dado paso a posibles soluciones: globos de helio de Google con su proyecto Loon, drones de Facebook o satélites de Elon Musk. Estas soluciones nos generan mucha ilusión y nos hacen ser optimistas con el futuro.

 

Creatividad para la integración

Como región, América Latina y el Caribe debe continuar cimentando las bases e invertir decididamente para formar en su interior y atraer el mejor talento, base indispensable para crecer y mejorar la calidad de vida de sus habitantes en los próximos años. Será nuestra materia gris y no nuestras materias naturales las que nos alivien los problemas a los que hoy nos enfrentamos. Y serán las mentes creativas que tenemos las que descubran soluciones a nuestras más acuciantes urgencias.

Hoy en día los centros económicos del mundo compiten más por talento que por los bienes y servicios. La Universidad de Toronto ha combinado diversos rankings resaltando lo que para ellos impulsa el desarrollo económico: el talento, la tecnología y la tolerancia. Según el profesor Richard Florida, creador de este ranking, “cada vez más estudios demuestran que la apertura a la diversidad impulsa el desarrollo económico, mientras que la homogeneidad impide el crecimiento económico. Los lugares que están abiertos a nuevas ideas también tienden a atraer a personas creativas de todo el mundo, que les dan una ventaja para ser más innovadores”[6].

Actualmente no solo las personas y las empresas compiten por ser creativas. Las ciudades y las regiones también lo hacen. Y por la sencilla razón que mientras más dinámico y creativo sea el ecosistema que impulsen, el talento le seguirá. Y a donde vaya el talento y la creatividad, por extensión, la innovación y el crecimiento económico le seguirán.

América Latina y el Caribe tienen una gran oportunidad. Atravesamos momentos difíciles. Crisis naturales se suceden como el terremoto en Ecuador o la propagación del virus del Zika en Brasil. La economía navega en mares turbulentos con los precios bajos del petróleo y las materias primas. Y sin embargo la economía creativa sigue creciendo. Síntoma que llegó para quedarse y posibilitarnos las oportunidades que buscamos para seguir creciendo y mejorando la vida de los millones de latinoamericanos.

Los esfuerzos por promover la integración física, política y comercial entre nuestros países serán la clave para alcanzar nuestros objetivos de desarrollo y crecimiento de manera sostenible. Fortaleciendo nuestras instituciones y promoviendo el acceso a las tecnologías nos abrirá oportunidades infinitas.

Vivimos momentos únicos. La pasión y la creatividad, unidas al compromiso de nuestros ciudadanos a resolver los problemas que enfrentamos sembrarán las bases de nuestro futuro.

Aquel joven mexicano que vivía en Tijuana encerrado programando hoy es Jordi Muñoz, el mayor creador de drones del mundo. Su empresa 3D Robotics está valorada en decenas de millones de dólares, y con sus drones les permite a su vez a otros emprendedores, como la dominicana Paola Santana, Cofundadora de Metternet, proveer de medicamentos a zonas de difícil acceso por carretera.

Gino Tubaro, el joven de 20 años que le devolvió la ilusión a niños con sus prótesis de manos con diseños de superhéroes, hoy cuenta con más de 60 impresoras 3D para ayudar a cientos de personas de escasos recursos. Y las jóvenes en Perú que aprendieron a programar, hoy son exitosas cabeza de hogar ya que gracias a Mariana Costa accedieron a un empleo formal que además representa uno de los trabajos con más futuro.

Todos ellos, como comenzamos diciendo, aportan enorme valor a la economía creativa. No solo por la valoración económica que puede tener su emprendimiento, sino por el talento, la creatividad y la inspiración que representan para muchos jóvenes de América Latina y el Caribe. La economía creativa dejará de ser invisible para convertirse en El Dorado de nuestra región.

 

 

[1] Arduino es una plataforma electrónica de código abierto que permite diseñar proyectos interactivos. Más información en www.arduino.cc.

[2] Howkins, John. 2001. The Creative economy. Penguin.

[3] Buitrago Restrepo, Pedro y Duque Márquez, Iván. 2013. La economía naranja. Una oportunidad infinita. BID. Octubre.

[4] Ver artículos en: https://www.technologyreview.com/s/425733/paul-allen-the-singularity-isnt-near/

[5] Entrevista a John Howkins. “El motor de la creatividad en la economía creativa” por Donna Ghelfi. OMPI.

[6] Andrés Oppenheimer. 2015. “Latinoamérica, la creativa”. Diario El País, Uruguay.

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