Pensando el sistema multilateral de comercio

Redacción: Kathia Michalczewsky y Jesica De Angelis



El Gobierno argentino y el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe del Banco Interamericano de Desarrollo (INTAL-BID) llevaron a cabo la Think Conference MC11: Pensando en una gobernanza global del comercio internacional para el Siglo XXI el miércoles 13 de diciembre. El evento fue parte de las actividades oficiales de la 11ª Conferencia Ministerial de la OMC realizada en Buenos Aires entre el 10 y el 13 de diciembre. Esta reseña recoge los principales puntos expresados por los expositores en las dos sesiones plenarias, y una selección de ideas presentadas en los siete paneles y veinticuatro documentos de investigación (ver agenda del evento).

La Think Conference fue inaugurada por el Ministro de Producción de Argentina, Francisco Cabrera y el Director del INTAL-BID, Gustavo Beliz y contó con la participación de autoridades del Banco Mundial, el International Trade Centre, la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, la Fundación ICBC e investigadores en temas relacionados con el comercio internacional de prestigiosas instituciones académicas tales como Georgetown University, Graduate Institute de Ginebra, New York University, Harvard University, London School of Economics, Fundación Getulio Vargas, European University Institute, la Universidad de San Andrés y la Universidad de Buenos Aires. También contribuyeron al evento especialistas de entidades privadas tales como el International Network for Small and Medium Entreprises, The Association of German Chambers of Industry and Commerce y el Grupo de Productores del Sur.

Francisco Cabrera, Ministro de Producción de la Argentina, durante la apertura de la conferencia

En la apertura del evento el ministro Cabrera, señaló la contribución del encuentro “al desarrollo de nuestras comunidades” destacando tres ideas centrales. En primer lugar, subrayó el rol del comercio internacional como fuente de desarrollo y generación de empleo puntualizando la importancia de la actual oleada de cambio tecnológico en la transformación de la economía y el empleo, fenómenos cuyo aprovechamiento requiere una promoción sostenida de la innovación y la calificación, así como la existencia de un marco de reglas claras para el comercio. En segundo lugar, Cabrera apuntó que, esas transformaciones tecnológicas nos obligan a pensar en sus consecuencias y en las alternativas para nuestros países, una tarea en la que es central contar con think tanks que contribuyan generando ideas. Por último, el Ministro presentó la Think Conference precisamente como una ocasión de reflexión y análisis, necesarios para enfrentar los desafíos presentes en la inserción externa de los países. En esae reflexión debe conjugarse el conocimiento de académicos, empresas, trabajadores y la sociedad en general.

Sesión inaugural de la Think Conference MC11

En esta última línea Gustavo Beliz, Director del INTAL-BID, visualizó la actividad como un insumo para pensar “una hoja de ruta más apropiada en los próximos meses”. Beliz destacó la necesidad de crear un sistema multilateral de comercio inclusivo, teniendo en cuenta los cambios tecnológicos que estamos presenciando y los riesgos y oportunidades asociados a estos. Asimismo, presentó evidencia del comportamiento reciente de la opinión pública latinoamericana respecto a los temas vinculados a la inserción internacional de los países de la región. Este material proviene de Latinobarómetro, un instrumento de prospección que hace parte del programa de bienes públicos regionales del BID. Subrayó como, en contraste con otros ámbitos, en América Latina se observa una sólida aprobación de los procesos de integración regional, la integración política y la globalización como medio para el crecimiento económico. Este apoyo, sin embargo, no es un “cheque en blanco” ya que  las preferencias de la opinión pública regional van aparejadas con agendas de tipo social, ambiental, de infraestructura, etc., e incluyen apoyos a cuestiones como el libre movimiento de los trabajadores en la región.

En el cierre del evento, Shunko Rojas, Subsecretario de Comercio Exterior de Argentina, destacó que “los especialistas y académicos tienen la posibilidad de criticar en un sentido positivo, y esto permite re-pensar el sistema, entender los problemas en formas diferentes, y encontrar soluciones innovadoras”. El Subsecretario también señaló la necesidad de pensar en una “OMC de la gente y del futuro”. Por ello, explicó, el gobierno argentino ha venido promoviendo el diálogo sobre temas como agricultura, PyMES y comercio electrónico, y generando un mecanismo como el Foro Empresarial, realizado el día previo a la Think Conference.

Gustavo Beliz, Director del INTAL-BID, y Shunko Rojas, Subsecretario de Comercio Exterior de la Argentina, durante el cierre de la Think Conference MC11

La Conferencia se estructuró en torno a dos sesiones plenarias, siete paneles de discusión y la presentación de veinticuatro trabajos originales de investigación seleccionados por un calificado jurado internacional en un concurso donde se presentaron más de 200 propuestas. La Think Conference se propuso propiciar un canal de diálogo abierto y constructivo por medio del cual la comunidad académica contribuya a analizar los desafíos que enfrenta el sistema mundial de comercio y la OMC en la actual coyuntura.

Primera sesión plenaria. La evaluación del sistema de comercio mundial: Aprendiendo de la experiencia pasada

La primera sesión plenaria de la Conferencia contó con la participación de Roberto Bouzas de la Universidad de San Andrés, Carlos Correa, de la Universidad de Buenos Aires, Jennifer Hillman de la Georgetown University,[1] Pierre Sauvé del Banco Mundial y el IELPO de la Universidad de Barcelona, y fue moderada por Félix Peña de la Fundación ICBC. Peña realizó la introducción al tema destacando su actualidad. Además, enfatizó que la evaluación del sistema de comercio internacional con base en la experiencia pasada debe realizarse, no solo considerando los años de existencia de la OMC o del GATT, sino también a los años previos, en los que no regía un sistema de comercio internacional. Esta perspectiva ayudaría a valorar las reglas que tenemos. Adicionalmente, Peña abordó la brecha existente entre las nuevas realidades y aquello que las instituciones y las reglas dicen que deberían ser las relaciones comerciales en el marco del sistema internacional. Entre esas nuevas realidades destacó el cambio tecnológico y el número de países que conforman la OMC, aspectos que contrastan con el punto de partida del sistema de base. Esa brecha es la que está poniendo al sistema en un plano de creciente obsolescencia.

La presentación de Roberto Bouzas se enfocó en la situación y perspectivas de la OMC y siguió tres hilos: los riesgos de la “profecía autocumplida”, las causas de la parálisis de la Ronda Doha, y la estrategia a seguir para la OMC. Respecto al primer punto, el académico explicó que existe un “discurso de moda” entre los académicos del comercio internacional sobre la existencia de una “crisis en la OMC”, pero este sería un diagnóstico sesgado y contraproducente. La OMC tienen cuatro funciones principales: administrar los acuerdos existentes, implementar un mecanismo de solución de controversias, promover la transparencia y proveer un foro de negociación. Para Bouzas, aunque con diferentes niveles de profundidad, esas funciones vienen cumpliéndose razonablemente y, por tanto, no puede decirse que la OMC “se encuentre en un estado crítico”. Solo en su función de foro de negociación, los resultados parecen menores y parciales, pero esto no debería leerse como una “crisis”, aunque “resulte comprensible la ansiedad de los negociadores”.

En el segundo punto, Bouzas enumeró las razones detrás de los pocos avances de la Ronda Doha. Por un lado, la regla de consenso (el single undertaking) es un método demasiado rígido y que paraliza la toma de decisiones. De hecho, la restricción para llegar a acuerdos parciales ha venido relajando en las últimas ministeriales, lo que refleja una presión para encontrar otros modos de decisión. Por el otro, el contenido de esa agenda es considerado por los académicos como “antiguo”, incluyendo temas del siglo XX y prescindiendo de los problemas del siglo XXI. La conclusión es que, en el contexto actual, el modo de funcionamiento de la OMC no genera incentivos para alcanzar un acuerdo y, por lo tanto, el régimen parecer estar condenado a una creciente irrelevancia. Sin embargo, para Bouzas la pregunta debería ser si la OMC puede, en las condiciones actuales, responder a una agenda como la que se planteó en Doha hace 16 años. Su posición es escéptica al respecto, por tres razones: primero, las condiciones en las que se lanzó Doha eran muy especiales y ya no están presentes; segundo, existe capacidad de bloqueo de algunos actores emergentes, antes marginales y que hoy algunos analistas denominan “recalcitrantes”, y para los cuales el status quo es un second best, mejor que las nuevas agendas en discusión; y, tercero, el líder de la construcción del régimen multilateral, EE.UU., ha venido poniendo el foco desde hace unos 25 años en las negociaciones regionales. Así, la conjunción de una agenda ambiciosa, la capacidad de bloqueo de ciertos sectores y los menores incentivos del actor clave, tornan poco sorprendente la falta de conclusión de la Ronda de Doha.

Roberto Bouzas, Profesor de la Universidad Di Tella

El último punto abordado por Bouzas fue la pregunta qué hacer, y qué no hacer, con respecto a la OMC. Según reflexionó, el régimen multilateral es valioso, es un capital institucional que debería ser preservado en sus fundamentos. El argumento central del académico fue que las reglas, aunque sean desbalanceadas, son mejores que un sistema sin reglas; además, las condiciones para balancear las reglas hoy son mejores que en el pasado. En este contexto la pregunta clave es: ¿Se trata de salvar la OMC o de conservar sus principios? Muchas de las propuestas de reforma implícitamente están asociadas con el abandono de los principios fundamentales del régimen. En contraste, Bouzas propuso una agenda minimalista, caracterizada por una fuerte defensa de los principios del régimen y una retórica reformadora más modesta. Esto, quizás, no contribuiría a resolver los problemas, pero sí, por lo menos, a no agravarlos.

La presentación de Carlos Correa se centró en dos aspectos del sistema multilateral de comercio: propiedad intelectual y comercio electrónico. El primero fue tratado en el marco del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (TRIPS por sus siglas en inglés) y los acuerdos regionales considerados “TRIPS plus”. Ambos temas fueron analizados a partir de dos preguntas: ¿Cómo los cambios tecnológicos se reflejan en el sistema de regulación mundial del comercio? y ¿en qué medida el sistema es receptivo o refractario al cambio tecnológico? Con relación al TRIPS, Correa explicó que el acuerdo representó un cambio muy importante en el paradigma de propiedad intelectual, convirtiéndose en el acuerdo más comprensivo en esta materia, ya que cubre temas como patentes, marcas, y otros aspectos. Se trata de un acuerdo que fija estándares mínimos y que tiene un sistema de sanciones para los países que incumplan sus normas. Según Correa, el TRIPS reflejó el cambio tecnológico de las décadas de los 70 y 80, en particular, la incorporación de regulaciones  reflejaron los intereses y la dinámica innovadora de la industria del software y de la biotecnología. En tal sentido, fueron los intereses de las industrias los que propiciaron el acuerdo, es decir el sector privado, y no las iniciativas de corte académico. Al momento de cerrar el acuerdo, ya había nuevas iniciativas sobre propiedad intelectual relacionadas con temas que estaban emergiendo, como la protección de obras intelectuales digitalizadas, pero éstos no lograron incluirse, continuando las discusiones en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Ahora bien, aunque no se lograron avances en la OMC, esto nuevos temas comenzaron a negociarse en acuerdos regionales, los cuales se incorporaron  en un formato estandarizado que se denominó “TRIPS plus”. En 2006, EE.UU. hizo una apuesta por lograr un acuerdo plurilateral, pero se enfrentó a una oposición muy fuerte, en especial de otros países desarrollados que consideraban que las nuevas reglas atentaban contra la libertad de expresión. Este fracaso de la agenda expansiva, sumado a la exclusión del capítulo sobre propiedad intelectual de los países que se mantuvieron en el Acuerdo Transpacífico, reflejan, según Correa, un retroceso en las negociaciones sobre este tema. Asimismo, apuntó que la única reforma en el marco de la OMC sobre propiedad intelectual desde la firma de TRIPS ha sido la flexibilización de la regulación para permitir la exportación de medicamentos a países que no tienen capacidad de manufactura. Es decir que en propiedad intelectual la OMC ha sido refractaria a la introducción de los requerimientos derivados de los cambios tecnológicos.

Entrevista a Carlos Correa, profesor de la UBA, sobre la recepción de la normativa de la OMC a los cambios tecnológicos

El segundo tema que abordó Correa fue el comercio electrónico: ¿En qué medida la OMC ha sido receptiva al cambio tecnológico relacionado con esta forma de intercambio? El académico remarcó que el tema tuvo una receptividad temprana en la OMC, ya que se incorporó en 1998, aunque solo bajo la modalidad de discusiones en distintos consejos, sin que se iniciara una negociación. Asimismo, se introdujo una moratoria para evitar la aplicación de aranceles sobre transferencias electrónicas y se decidió, en el marco del Órgano de Solución de Controversias, que el Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (GATS, por sus siglas en inglés) es el acuerdo aplicable a cuestiones relacionadas con el comercio electrónico. Al igual que en el caso de la propiedad intelectual, al no registrarse avances en las negociaciones de la OMC, la regulación del comercio electrónico avanzó más plenamente en el ámbito regional. Correa citó la investigación de Wu (2017),[1] en la que se afirma que la mitad de los miembros de la OMC ha suscripto obligaciones sobre comercio electrónico en acuerdos regionales. La mayor parte de estos apuntan a eliminar barreras digitales al comercio electrónico como la obligación de localización de servidores o de los datos, las restricciones al libre flujo de datos, la obligación de informar el código fuente de ciertos programas, las  limitaciones a la ubicación de los sistemas de pagos, entre otros. Los países que proponen la incorporación del tema en el marco multilateral tienen objetivos en el mismo sentido. En este contexto, Correa se preguntó: ¿En qué medida la OMC puede absorber los cambios tecnológicos relacionados con el comercio? ¿Se puede pasar del plano de las discusiones a las negociaciones? ¿Pasar el ámbito regional al multilateral? Su respuesta, en línea con el escepticismo de Bouzas respecto a los logros de la OMC como foro de negociación, es que se requeriría un amplio (y difícil) consenso y compromiso de los miembros para avanzar en estos temas.

Jennifer Hillman comenzó su presentación interrogándose respecto a un mecanismo clave de la OMC: ¿Puede este organismo resolver adecuadamente los conflictos que se le presentan? En particular, ¿podemos confiar en el Órgano de Solución de Diferencias (OSD)? ¿Se puede considerar que sus fallos son ley? ¿Es independiente el OSD? ¿Estamos en un punto de inflexión al respecto? La OMC comenzó a sufrir fricciones, expresadas por uno de sus miembros más prominentes, EE.UU., en esta materia. El conflicto se expresa en la negativa de ese país a dar su anuencia al nombramiento de nuevos miembros del Órgano de Apelaciones (OA) del OSD. De hecho, a fines de 2017, el OA contaba con solo cuatro miembros frente al número previsto de siete, una situación que dificulta su trabajo en un contexto en el que las disputas se han incrementado y son más complejas. No hay certeza respecto a las causas de estas fricciones, aunque podrían estar vinculadas a valoraciones respecto a las competencias del OA y su posible extralimitación en determinados casos, generando normas en lugar de interpretarlas. Hillman detalló algunas alternativas para superar este conflicto que implican modificaciones de las funciones de la entidad: limitar el OSD a la aprobación o rechazo de lo resuelto por el panel examinador; someter a voto la decisión de aumentar el número de miembros del OSD, algo que iría en contra de la regla del consenso; recurrir al artículo 25 del Entendimiento que regula el OSD, limitándolo a un mecanismo de arbitraje. Sin duda, según Hillman, habría que escuchar las preocupaciones de EE.UU. que posiblemente señalarían extralimitaciones del OSD, excesiva demora de los procedimientos y extensión de los reportes.

 

En su presentación, Pierre Sauvé comenzó afirmando que se puede aprender de la experiencia pasada. El sistema de comercio internacional que tenemos es producto de un contexto muy particular, de un “final de era”, con cierto marco ideológico, que ya no existe hoy en día. Además del cambio en la ideología, la economía y la geografía del comercio son nuevas, hay nuevas formas de consumo, producción, etc., y por lo tanto no debería sorprender que el sistema sea cuestionado. Otra diferencia fundamental es que el sistema fue construido por un poder hegemónico que avalaba la existencia de free riders. En la actualidad ese poder hegemónico, ostentado por EE.UU. y la Unión Europea, está en entredicho, al mismo tiempo que los países en desarrollo, anteriores free riders, “emergieron” y por lo tanto tienen que asumir responsabilidades. Esto hace que el sistema sea más democrático, pero también más complejo. Adicionalmente, se busca que el sistema sea más inclusivo y transparente. Antes este objetivo era más asequible, ya que solo participaban algunos negocios y países, capaces de coordinarse fácilmente. Hoy, con 164 miembros, la posibilidad de organizar y coordinar conversaciones entre todos estos países que quieren hacerse escuchar, transmitir lo que necesitan, lo que quieren, lo que aspiran, en un marco de justicia, resulta mucho más difícil. Otro punto que dificulta el avance, según Sauvé, es la necesidad de consenso. Qué ocurriría, se preguntó, si los parlamentos nacionales funcionaran bajo la regla del consenso, como lo hace la OMC. De este análisis, concluyó que en realidad la OMC no sufre de falta de democracia, como plantean algunos analistas, sino de exceso de ella. Para cerrar su presentación, Sauvé planteó la pregunta de cómo lograr un sistema inclusivo y que acepte la diversidad al mismo tiempo. Al respecto, destacó la necesidad de aprender del pasado. Según Sauvé, hay que acomodar en el sistema la existencia de diferencias y dar cabida a que haya acuerdos que no sean necesariamente multilaterales, aunque si deban cumplir ciertos requisitos: realizarse en el marco de la OMC; estar siempre abiertos a la incorporación de nuevos miembros; dar la posibilidad de que los países decidan no participar en ciertos arreglos. En conclusión, el especialista propuso moverse hacia un “club de clubes creadores de reglas”, en el que se incorporen conversaciones sobre dos temas fundamentales: el desarrollo y las modalidades de aplicación de las reglas a los países menos desarrollados.

Félix Peña cerró la plenaria con la conclusión de que, en el nuevo contexto de un sistema más diverso, pluralista y descentralizado, es necesario un mayor debate, y una mayor capacidad de formular propuestas concretas.

 

Segunda sesión plenaria. Cambios en el sistema de comercio mundial: ¿Cómo ajustarse a las nuevas realidades?

La segunda sesión plenaria, moderada por Ramón Torrent de la Universidad de Barcelona, contó con la participación de Michael Ewing-Chow de la Universidad Nacional de Singapur, Joost Pauwelyn del Instituto de Graduados de Ginebra, Robert Howse de la Universidad de Nueva York y Shi Jingxia, de la Universidad de Negocios y Economía de China. Los puntos salientes del debate fueron el actual clima respecto al libre comercio y la OMC, las discrepancias en torno al sistema de solución de controversias y el rol de China en el escenario actual. Ramón Torrent destacó tres ideas centrales: en primer lugar, que es necesario no pensar en “más”, sino en una “mejor” liberalización, y utilizar para ello los instrumentos disponibles. En segundo lugar, que, para promover una mejor liberalización, se necesita la estrategia de “las cuatro C”: i) consolidar lo ya alcanzado; ii) completar lo que falta, más que agregar nuevos temas, dando prioridad a los pendientes; por ejemplo, completar la OMC a nivel mundial y no pretender profundizar en nuevos temas cuando hay países como China que están en un período de transición; iii) lograr coherencia entre los diferentes y complejos acuerdos de la OMC; iv) conocer los acuerdos existentes y lo que dicen. Por último, que resulta central ir a lo básico de la OMC, que es la prevención de las guerras comerciales entre las potencias capitalistas. Asimismo, Torrent dejó una pregunta para motivar el debate: ¿Cómo es posible mantener bajo un alcance razonable la agenda de la OMC mientras se toman en cuenta una serie de preocupaciones legítimas sobre el comercio?

Michael-Ewing Chow, llamó la atención sobre la necesidad de ser cuidadoso con lo que se espera de la OMC. Nos encontramos en un contexto mundial en que la liberalización del comercio provoca malestar y en el que la promesa de mejorías económicas derivadas de la OMC y otras instituciones no son percibidas por sectores de la población. En particular, las ganancias de eficiencia del comercio -el acceso a bienes más baratos y mejores- no se detecta, pero si hay una gran sensibilidad respecto a las pérdidas de empleo que puedan darse. Al mismo tiempo, no sería el comercio la causa de esas pérdidas de empleo, sino el avance tecnológico, que está reemplazando algunos trabajos. Para Ewing Chow, hay una “asimetría en la conexión emocional” de mucha gente con los efectos del comercio, y esa situación se ha convertido en un problema muy importante.  Este analista destacó que hay dos mensajes claros que podrían atemperar esta “asimetría emocional”: i) La evidencia de que estamos interconectados a través de las cadenas globales de valor (CGV), lo que se refleja en el “Made in the World”; y que, a su vez, las CGV están interconectadas con las inversiones. El punto es que, cuanto más se facilita el comercio, más aumentan las inversiones y se reduce la corrupción; este es un valor por fuera de lo estrictamente comercial que debería destacarse. ii) El comercio también conlleva otros importantes temas de preocupación para muchas personas; por ejemplo, el papel de los combustibles fósiles en el cambio climático, o bien la seguridad alimentaria. Se trata de cuestiones que deberían ser mejoradas con disciplinas comerciales; la seguridad alimentaria, por caso, podría garantizarse a través de medidas no restrictivas y transparentes.

Joost Pauwelyn, agregó dos elementos clave del contexto de la MC11. En primer lugar, los países no se ponen de acuerdo sobre cómo regular diferentes materias -por ejemplo, el caso de la pesca– y, al mismo tiempo, hay falta de interés en el mundo sobre este tema tan importante. Podría estar ocurriendo, entonces, que los temas en debate en la OMC ya no sean los temas que la gente quiere discutir. Esto haría necesario una consideración a fondo sobre el rol de la OMC, su función central y la base social de sus tareas. En contraste, hay temas -por ejemplo, el comercio ilícito, o las PyMES, que surgió en el Foro de Negocios, junto con ideas concretas- que son importantes para la gente y para el futuro. En segundo lugar, para Pauwelyn, en el actual contexto mundial, la “acción real” se ha desplazado al ámbito de las negociaciones regionales como UE-MERCOSUR, o UE-Japón.

Robert Howse abordó una de las cuestiones controversiales en la actualidad: el sistema de solución de controversias de la OMC y las trabas, ya descriptas por Hillman en la primera sesión plenaria, que está enfrentando el OA. Howse puntualizó que esto podría conducir a una situación en la cual se podría perder el derecho de apelación de un país que reciba un fallo del panel examinador. Al carecer de ese derecho, el país podría argumentar que no tiene la obligación de implementar las acciones indicadas por el panel. La circunstancia pone de relieve el papel clave del OA en la legitimidad del sistema: si un país tiene que aplicar las reglas de la OMC, necesita un sistema legítimo para que el resto de los países cumplan con esas reglas.

Shi Jingxia, realizó un aporte para entender el rol de China en el sistema multilateral de la OMC y en los acuerdos comerciales. En primer lugar, destacó la gran relevancia de China en la economía mundial y lo decisivo que ha sido su incorporación a la OMC en 2001. Esto ha facilitado su integración al comercio mundial, trayendo beneficios globales. La no resolución de la Ronda de Doha ha hecho que las negociaciones en el plano del sistema multilateral se hayan mantenido abiertas por muchos años durante los cuales China ha ido modificando su estrategia comercial. En particular, aunque no ha dejado de apoyar al sistema multilateral, China ha ido consolidando sus vínculos bilaterales y regionales en los últimos años, en especial, a partir de la negociación de acuerdos comerciales con Japón, Corea, India, Australia, y los miembros del ASEAN, así como a través de su iniciativa OBOR (One Belt One Road), que involucra comercio, infraestructura e inversión. Según la expositora, China ha buscado tener una estrategia más activa, construyendo capacidades y ganando confianza para influir en la formación de las normas a nivel global, y transformándose en un jugador clave en las negociaciones multilaterales y en los acuerdos de libre comercio. Sin embargo, su estrategia sería aún más de tipo reactivo que propositivo, lo que denota que aún no está lista para ocupar el rol de rule maker. El RCEP es un acuerdo importante, pero en el que China participa como rule shaper a nivel regional, y no como rule maker global. De hecho, hay una brecha regulatoria entre lo negociado en el RCEP y, por ejemplo, la calidad de las reglas del TPP, por lo que China no puede ser considerado un competidor en términos regulatorios. En OBOR, China desarrolla una estrategia proactiva, progresiva y flexible, basada en un mayor componente de soft law.

Otros paneles

Entre los siete paneles desarrollados en la Think Conference, cabe señalar las discusiones respecto a las PyMEs. El foco estuvo puesto en las medidas necesarias para aumentar su competitividad y desbloquear su potencial económico, el acceso a la información, la importancia del clima de negocios, los mayores costos de cumplir las regulaciones que sufren las empresas más pequeñas y el impacto de las medidas antidumping sobre éstas. Adicionalmente, se señaló cómo la formulación de política referidas al potencial comercial de las PyMES está vinculada con objetivos referidos a la corrección de desigualdades de género, dada la alta participación de las mujeres como propietarias de estas empresas en muchos países. Durante la jornada, Vincent Beyer, Simon Evenett, Olayinka Oladeji and Joost Pauwelyn presentaron Trade Lab, una ONG que nuclea estudiantes, académicos y abogados cuyo objetivo es que los países de menor desarrollo logren captar los mayores beneficios del comercio y la inversión. Los proyectos asociados a Trade Lab se vinculan con hacer que la ley económica internacional sea más accesible, facilitado el acceso a la información y dando apoyo para la negociación de acuerdos de comercio e inversiones, así como el análisis de cumplimiento de legislación propuesta o existente y la asistencia en litigios. En esa sesión se presentó el Global Trade Alert, una plataforma que recopila información sobre distorsiones comerciales y reformas implementadas desde 2008 para dar herramientas a la política pública y a la toma de decisiones.

Entrevista a Joost Pauwelyn, profesor del Graduate Institute de Ginebra, donde explica el proyecto tradelab.org

En las discusiones referidas a la agenda comercial del siglo XXI se resaltó la importancia de la infraestructura, y en particular del transporte, para el crecimiento y para el comercio. Entre otros temas, se analizó la iniciativa OBOR de China, así como el papel de la OMC en materia de transporte marítimo. Con relación a este último, se destacó la necesidad de tener un régimen de transporte marítimo uniforme para lo cual sería productivo reabrir las negociaciones de transporte en el organismo, aprovechando la experiencia acumulada desde 1995, cuando se suspendieron. Otra de las presentaciones destacó la necesidad de acordar globalmente medidas para la conservación de los mares para evitar la arbitrariedad en las regulaciones donde se terminan aplicando estándares de conservación que van más allá de la jurisdicción nacional.

Los restantes paneles trataron sobre los desafíos y oportunidades del comercio para el desarrollo, la seguridad alimentaria, el cambio climático, las regulaciones y estándares técnicos, sanitarios y fitosanitarios, la política impositiva, el comercio ilícito, entre otros temas.

La presentación de los trabajos originales de investigación seleccionados por el jurado estuvo a cargo de sus propios autores, y versaron sobre la gobernanza del sistema multilateral de comercio, el futuro de la agenda de negociación, el comercio electrónico, la facilitación del comercio y las cadenas globales de valor en el contexto de la revolución digital.

Encuentre todas las presentaciones y entrevistas realizadas en: http://intal-lab.iadb.org/thinktrack/

[1] Hillman se desempeñó como representante de EE.UU. en el Órgano de Apelación del OSD de la OMC entre 2007-2011.

[2] Mark Wu (2017). Digital Trade-Related Provisions in Regional Trade Agreements: Existing Models and Lessons for the Multilateral Trade System. E15 Initiative, Noviembre.