Integración regional y ecosistemas de innovación

Redacción: Jesica De Angelis



Con una mirada de largo plazo (OMC, 2017), se observa que la región pierde 8 puntos porcentuales de participación en las exportaciones mundiales entre 1948 y 2016 (pasando de 11,3% a 3,3%). El Monitor de Integración y Comercio de 2017 encontraba que si bien durante el boom de las commodities logra recuperar parte del terreno perdido, en la post crisis (“de las hipotecas Subprime”) la cuota de mercado vuelve a caer (Giordano, 2017) no solo por la vía de los menores precios de exportación, sino también por la pérdida de competitividad. Seguidamente se analizan las vías para mejorar la competitividad y cómo los instrumentos y estrategias de integración económica podrían atenuar su erosión.

Ganar competitividad, pero mejorando vidas

Una variable frecuentemente utilizada para determinar la competitividad internacional de un país son los costos de producción, es decir, la comparación entre los costos internos y los de competidores externos. En general, la estructura de costos representativa de un país se analiza a partir de los costos laborales unitarios. Esta mirada se centra en la competitividad-costo. Basar la competitividad en factores como los bajos salarios o medidas como las devaluaciones competitivas, dumping social o ecológico, la protección comercial, pueden mejorar la posición competitiva de una estructura productiva, pero deterioran el nivel de vida de la población, degradan el medio ambiente y no pueden sostenerse de manera indefinida. En tal sentido son vías para obtener competitividad de manera espuria.

Por el contrario, la innovación permite competir por otras razones no vinculadas solamente con costos y precios de exportación como las características o atributos de los bienes o servicios como su calidad, prestaciones, diseño, etc. Asimismo, las innovaciones de procesos u organizacionales pueden generar ganancias de competitividad vinculadas con la reducción de costos de producción al tiempo que aumentan los ingresos de los trabajadores. La acumulación de capacidades e introducción de innovaciones es el medio para la corrección de errores y búsqueda de nuevos conocimientos y, por tanto, la obtención de ventajas competitivas de carácter “auténtico” o “genuino”, que, si bien son más difíciles de alcanzar debido a que provienen de la realización de esfuerzos para el cambio técnico u organizacional, son sustentables a largo plazo ya que construyen una base sobre la cual generar nuevas ventajas gracias a la acumulación de capacidades. Este tipo de ganancias de competitividad se asocia a unos mayores salarios de los trabajadores, ya sea porque se pagan las mayores calificaciones o porque se quiere conservar el conocimiento acumulado en la experiencia (Bianco, 2007; Navarro, Benavente y Crespi, 2016).

Ecosistema de innovación

A partir de la década de los años `70 del siglo XX, los abordajes teóricos enfatizaron el carácter sistémico de la innovación. En el sistema, además de los esfuerzos privados, existen una serie de determinantes en los que la empresa tiene poca capacidad de control y que pueden favorecer o truncar la innovación: la disponibilidad de mano de obra calificada, infraestructura, los insumos necesarios, el marco regulatorio, entre otros.

Dentro del sistema circulan conocimientos, experiencias, aprendizaje, a través de los diversos agentes que lo componen y sus interacciones, por ello la información circulante es clave y de difícil transferencia lo que hace a la innovación un proceso localizado, determinado socialmente y contexto-específico. La creación de empresas innovadoras y la mayor innovación en las empresas existentes resultan de un conjunto de factores sociales, económicos, políticos y culturales que confluyen en el ecosistema emprendedor y de innovación y de las interacciones cooperativas y competitivas de los agentes y procesos (Fransman, 2018).

Gráfico 1. Componentes clave del ecosistema de innovación

Fuente: Sector de Integración y Comercio sobre la base de Kantis y otros (2016)

El capital humano es un factor clave en el ecosistema y no incluye solo a los emprendedores y la academia sino también a los trabajadores y todo el conjunto de condiciones sociales, culturales y educativas que dan forma al capital humano (Kantis, Federico y Magendzo, 2016). Las condiciones sociales de los hogares y la valoración social del cambio técnico y el emprendimiento además de su importancia per se pueden favorecer o limitar las oportunidades de innovación. Por ejemplo, de acuerdo al Latinobarómetro (Basco, 2017),  la inteligencia artificial y robótica presentan resistencia en la región: 4 de cada 5 latinoamericanos cree que son una amenaza para el empleo y solo 2 de cada 10 estaría dispuesto a usar un vehículo conducido por un robot, o a ser intervenido quirúrgicamente a la distancia.

El sistema de formación de competencias tiene también una fuerte incidencia sobre el capital humano. Cada vez se demandan más conocimientos digitales, pensamiento crítico, creatividad y el sistema educativo y de formación debe estar preparado para estos cambios en especial para responder a la demanda de profesionales vinculados con las actividades automatizadas y para la recalificación de trabajadores en tareas menos rutinarias (Estevadeordal y Beliz, 2018). El propio avance de la digitalización puede facilitar la extensión de la educación a un mayor número de personas, muy lejanas de los principales centros educativos y mejorar la calidad del acceso.

La orientación a la innovación del resto de la estructura productiva y la sofisticación de la demanda de los consumidores pueden incentivar una a oferta más innovadora y de mayor calidad.

El sistema de ciencia y tecnología, su fortaleza y las capacidades de difusión al aparato productivo serán determinantes en las posibilidades de obtener soluciones innovadoras e introducir nuevos productos en el mercado. Sin embargo, en la región, la incorporación de investigadores en empresas es menor a los países desarrollados por diversos factores como la falta de correspondencia entre las capacidades que se demandan y ofertan, la configuración institucional del sistema de ciencia y tecnología, la orientación innovadora de las empresas (Gráfico 3).

La oferta de financiamiento y un sistema financiero sofisticado y acorde a las necesidades de las firmas innovadoras, resulta clave en particular en los proyectos más ambiciosos que demandan inversiones de gran escala y más complejas. La región aún se encuentra rezagada respecto del mundo desarrollado y países de alto crecimiento como China e India (Navarro, Benavente y Crespi, 2016).

La existencia de una red de confianza para la colaboración entre los diversos agentes del ecosistema favorece la innovación colaborativa, por ejemplo, las plataformas de gastronomía colaborativa, micro-financiación colaborativa. Un aporte central para su crecimiento es la disponibilidad de sistemas que generan datos digitales confiables (IADB, 2017). Sin embargo, la baja penetración y velocidad de la banda ancha en la región podría dificultar el uso de estos sistemas.

Los aspectos político-institucionales son otro componente central del ecosistema de innovación. Las políticas para la generación de conocimiento como el financiamiento a centros de investigación o becas en sectores estratégicos pueden tener impactos directos en los agentes que reciben los instrumentos de fomento y spillovers hacia el resto de la estructura productiva.

Por último, el marco regulatorio puede inhibir algunos proyectos innovadores. Por ejemplo, la existencia de marcos regulatorios muy complejos para el registro o licencia que recaen sobre las pequeñas start ups pueden generar barreras a la entrada al mercado.

La brecha de innovación en ALC:

Como se observa, los países de la región gastan menos de 1% del PIB en I+D, con la excepción de Brasil cuyos gastos alcanzan 1,17%. A su vez, el país de la región con mayor cantidad de investigadores es Argentina que solo cuenta con alrededor de 3 trabajadores cada 1000 de la población económicamente activa (PEA), muy lejos de países como Israel con casi 18 trabajadores. Además de los bajos niveles relativos de gasto, la escala (tamaño de la burbuja) sugiere que, con la excepción de Argentina, Brasil y México, los países de la región están lejos de los principales países innovadores dado que dedican un bajo porcentaje de un PIB bajo, limitando el alcance de las innovaciones (Gráfico 2).

Gráfico 2. Recursos humanos y financieros en innovación

Fuente: Sector de Integración y Comercio en base a OECD, Eurostat y Ricyt. Nota: los datos corresponden a 2016 o último valor disponible en el rango 2007-2016.

Buena parte de la explicación de los bajos esfuerzos en innovación de la región se vinculan con el sector privado. Los países de la región cuentan con una baja proporción de investigadores en empresas (excepto Costa Rica), lo cual es consecuente con la fuente principal de los esfuerzos monetarios: el Sector Público. Mientras que en la UE el 49% de los investigadores se emplea en las empresas y en la OCDE dicho promedio asciende a 61%, el promedio de la región se ubica en torno al 22% (Gráfico 3).

Gráfico 3. Distribución de los esfuerzos en innovación

Fuente: Sector de Integración y Comercio en base a OECD, Eurostat y Ricyt. Nota: los datos corresponden a 2016 o último valor disponible en el rango 2007-2016.

Hacia un ecosistema regional de innovación

Las contribuciones teóricas sobre la integración económica desde los años ’50 del siglo XX enfocaban en el rol de las ganancias de productividad que se producían por la reasignación de recursos en el momento en el que se crea el mercado ampliado: los tradicionales efectos de creación y desvío de comercio. Más tarde la teoría de la integración comenzó a preocuparse por los efectos dinámicos, aquellos que actúan sobre la tasa de crecimiento de las economías. Las inversiones en innovación están sujetas a umbrales mínimos y altos riesgos sobre los resultados. En este contexto, el mercado ampliado podría significar un incentivo a la realización de esos gastos, es decir, la introducción de la innovación se hará para un mercado de mayor tamaño. Por otro lado, el desarrollo de instrumentos regionales de estímulo a la innovación podría dar escala a esos esfuerzos, al tiempo que la coordinación de acciones podría ahorrar recursos, evitar la competencia de incentivos nacionales y potenciarla a partir del aprendizaje compartido (Porta, 2010). En este sentido, la integración económica es vista como un bien público capaz de generar ganancias inter-temporales a partir de favorecer la difusión de la innovación.

Para darle forma a un marco de cooperación regional en innovación, no deben dejarse de lado la experiencia previa en la materia ni tampoco los marcos de cooperación existentes.  Por ejemplo, en los bloques que nuclean a los socios de mayor tamaño de la región, Mercosur y Alianza del Pacifico, existen algunas experiencias de fomento a la innovación a nivel regional.

En el Mercosur, se observa una voluntad de cooperar en innovación ya desde el año 1992 con la creación de la Reunión Especializada de Ciencia y Tecnología (RECyT), a la que se suma en 2008 el Programa Marco de Ciencia, Tecnología e Innovación. También se destacan dos iniciativas en sectores estratégicos: agro y biotecnología.  PROCISUR, creado en 1980 e integrado por los Institutos Nacionales de Investigación Agropecuaria del Cono Sur (Mercosur, incluyendo Bolivia y Chile) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, busca construir un sistema regional de innovación para el avance tecnológico agropecuario y agroindustrial en los países del Cono Sur. BIOTECSUR, lanzado en 2005 en cooperación con la Unión Europea, busca la creación de una plataforma regional de biotecnología. Completan este mapa un cúmulo de redes, plataformas y programas bilaterales y la recientemente firmada Agenda Digital.

Por su parte, de creación más reciente, Alianza del Pacífico cuenta con el proyecto de Bienes Públicos Regionales “Fortaleciendo la Transferencia y Emprendimiento Tecnológico” apoyado por el BID y creado por el Grupo Técnico de Innovación de la Alianza del Pacífico en 2018. El proyecto busca “fortalecer y coordinar las capacidades de transferencia y adopción tecnológica” en los países de la Alianza para crear un “un espacio regional que facilite la transferencia, adopción y el emprendimiento tecnológico”.

Conclusión

El enfoque actual de las políticas para el desarrollo señala la importancia de construir un ecosistema capaz de promover las innovaciones, el cual incorpora aspectos sociales, culturales, regulatorios e institucionales. Ello implica la necesidad de diseñar políticas de desarrollo productivo e innovación junto con un ecosistema que promueva una estructura productiva competitiva e innovadora. La promoción de la innovación es un marco que viabiliza la existencia de un proceso de crecimiento los ingresos y un mejoramiento en el nivel de vida de la población favoreciendo al mismo tiempo la competitividad internacional. La escala de los esfuerzos necesarios para la innovación es uno de los principales factores que incentiva un abordaje regional para reducir las brechas existentes en el ecosistema regional.

Referencias

Basco, A. I. (2017). La tecno-integración de América Latina: Instituciones, comercio exponencial y equidad en la era de los algoritmos. Inter-American Development Bank. https://publications.iadb.org/handle/11319/8657

Bianco, C. (2007). ¿De qué hablamos cuando hablamos de competitividad?. Documento de trabajo, 31.

Estevadeordal, A., & Beliz, G. (2018). Revista Integración & Comercio: Año 22: No. 44: Julio, 2018: Algoritmolandia: inteligencia artificial para una integración predictiva e inclusiva de América Latina. https://publications.iadb.org/handle/11319/9080

Fransman, M. (2018). Innovation Ecosystems: Increasing Competitiveness. Cambridge: Cambridge University Press. doi:10.1017/9781108646789 https://www.youtube.com/watch?v=3slOXTUr4Hw

Giordano, P., Ramos, A., Michalczewsky, K., & Ramos, B. (2017). Monitor de Comercio e Integración 2017: Más allá de la recuperación: La competencia por los mercados en la era digital (Infografía). https://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/8642/Monitor-de-Comercio-e-Integracion-2017.PDF?sequence=1&isAllowed=y

IADB (2017). Integration and Trade Journal: Volume 21: No. 42: August, 2017: Robot-lución: The future of work in Latin American Integration 4.0.

Kantis, H. (2015). Condiciones sistémicas e institucionalidad para el emprendimiento y la innovación–Colombia. Washington, DC: Banco Interamericano de Desarrollo. https://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/7962/Condiciones-sistemicas-e-institucionalidad-para-el-emprendimiento-y-la-innovacion-hacia-una-agenda-de-integracion-de-los-ecosistemas-en-los-paises-de-la-Alianza-del-Pacifico.pdf?sequence=1

Porta, F. (2010). Integración comercial e innovación tecnológica. Aspectos conceptuales y análisis de experiencias, Banco Intermaericano de Desarrollo. http://services.iadb.org/wmsfiles/products/Publications/35972764.pdf

WTO (2017). World Trade Statistical Review. World Trade Organization 2017. 978-92-870-4152-4