G20: La región y los desafíos globales


Plataforma aceleradora de los trabajos del futuro

En el marco de la Cumbre del Think20 (T20), en el CCK de Buenos Aires, Gustavo Beliz propuso la creación de una plataforma digital para producir conocimiento, informar políticas y conectar socios potenciales para acelerar los trabajos del futuro. La propuesta se enmarca dentro de una de las tres prioridades de agenda de la Presidencia argentina del G20, relacionada con el futuro del trabajo, y uno de los 10 grupos de trabajo del T20: el futuro del trabajo y la educación para una era digital.

En línea con los avances que se están viendo a nivel global en el desarrollo de nuevas estrategias de desarrollo vinculadas con las tecnologías disruptivas, el INTAL-BID propone avanzar sobre cuatro áreas de acción para facilitar la transición tecnológica en la región: el desarrollo de métricas confiables, la construcción de una nueva diplomacia que promueva los intereses tecnológicos, el impulso a un doble STEM de habilidades duras y blandas, y la promoción de una estrategia regional de Inteligencia Artificial.

A su vez, en búsqueda de que el T20 realice un aporte concreto, el INTAL-BID propuso la creación de una plataforma digital T20 para acelerar los trabajos del futuro. La plataforma serviría para producir y diseminar material analítico, promover foros de alto nivel, conectar experiencias público-privadas, diseñar soluciones de política basadas en evidencia y fortalecer las capacitaciones y estrategias para llegar a audiencias meta con mayor impacto, como los responsables de las políticas, las PYMEs y las mujeres. Estas ideas fueron desarrolladas en detalle en un policy brief que forma parte del Comunicado final dirigido a los Líderes del G20, que el T20 entregó al Presidente Mauricio Macri.

 

Comunicado de los Think Tanks para el G20

INTAL-BID participó de una reunión en Villa Ocampo para reflexionar, junto con CIPPEC y el CARI, propuestas concretas e innovadoras para inspirar y motivar a los Líderes del G20 a enfrentar los principales desafíos globales del presente y el futuro.

El espíritu del Comunicado apela a la cooperación para superar los desafíos del multilateralismo, frente a un escenario internacional desafiado por el descontento con la globalización y controversias entre países en materia comercial, impositiva, tecnológica y ambiental. También enfatiza la urgencia de los desafíos globales actuales, como el cambio climático, la seguridad alimentaria, la distribución de los costos y beneficios del comercio y la tecnología, la desigualdad (incluyendo la inequidad de género) así como las necesarias inversiones en infraestructura para el desarrollo.

Entre las propuestas más salientes del Comunicado se destacan:

  1. Rediseñar el sistema multilateral de comercio. El G20 debería iniciar el diálogo para rediseñar a la Organización Multilateral de Comercio (OMC) y así evitar una escalada de las fricciones comerciales. Se trata de facilitar que las sociedades se adecúen a los desafíos productivos, tecnológicos y sociales del siglo XXI. Un acuerdo con creatividad entre los líderes del G20, en el que prime el principio de cooperación, generaría el impulso para vigorizar la necesaria reforma de la OMC, y fortalecer el sistema de comercio internacional.
  2. Cumplir el Acuerdo de París. El G20 también debería desempeñar un papel central en la lucha contra el cambio climático. Las medidas para mitigar y adaptarnos al cambio climático deben ser claras, contundentes y el compromiso para su implementación duradero y equitativo. El Acuerdo de París es el marco adecuado para este objetivo.
  3. Inversiones para enfrentar el cambio climático. El cambio climático requiere significativas inversiones en infraestructura para el desarrollo. Las economías emergentes necesitan crear o expandir su red de servicios públicos y los países desarrollados modernizarla. El G20 debería promover acuerdos para asegurar que la nueva infraestructura contribuya a mitigar el cambio climático e incentivar el desarrollo de instrumentos y reglamentaciones financieras que permitan movilizar los recursos necesarios para llevar adelante estos proyectos. La influencia del G20 sobre las instituciones financieras multilaterales, los bancos de desarrollo y el sector privado —actores fundamentales en este proceso— será decisiva para estos propósitos.
  4. Promover un nuevo contrato social. La irrupción y difusión de nuevas tecnologías —la cuarta revolución industrial—prometen ser una fuente de crecimiento de la productividad y del bienestar material, pero también pueden también intensificar las desigualdades. El G20 tiene por delante el desafío de cooperar para diseñar una nueva forma de estructuración social, un nuevo contrato social con las personas en el centro de las preocupaciones, que convierta a las nuevas tecnologías en vehículos no sólo de crecimiento y productividad sino de mayor equidad, transparencia y cohesión social. Se trata por un lado de considerar la dimensión acerca de cómo se distribuyen los dividendos digitales que se generarán con la adopción y difusión de tecnologías disruptivas. El nuevo contrato social debería además contemplar el diseño de un sistema educativo de calidad que no sólo prepare a las personas para procesos productivos que demandarán nuevas tareas y habilidades, sino también para desarrollarse como ciudadanos plenos en un mundo digital.

 

Diplomacia y negociación en un mundo disruptivo

El INTAL-BID organizó junto con el CARI, la Fundación ICBC, la Fundación Foro del Sur y la Universidad del Salvador una serie de encuentros de alto nivel con el objetivo de debatir sobre el futuro de la diplomacia en el marco de las reuniones del G20 en Argentina.

Expertos de la región y del mundo analizaron propuestas para enfrentar los nuevos retos de política exterior en un mundo atravesado por las nuevas tecnologías digitales y profundos cambios en la gobernanza global.

 

Conectando los puntos en América Latina y el Caribe

En el marco de la reunión del T20 en Buenos Aires, el INTAL-BID organizó un panel sobre el estado de la integración económica en América Latina y el Caribe, aprovechando la oportunidad que brindó la presentación de un libro reciente del Sector de Integración y Comercio del BID (INT): “Conectando los puntos: una hoja de ruta para una mejor integración de América Latina y el Caribe”.

Mauricio Mesquita Moreira, Asesor Económico Principal de INT, presentó los principales hallazgos y conclusiones del estudio, para luego abrir un debate con Rafael Cornejo, Consultor en Comercio Internacional, y Félix Peña, Vicepresidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), moderado por Ana Basco, Especialista en Integración del INTAL-BID.

El estudio realiza un balance de la integración de la región, luego de 30 años desde los primeros acuerdos de comercio preferencial (ACP) entre los países de ALC. Por un lado, los ejercicios cuantitativos muestran de manera inequívoca que los ACP subregionales a partir de los años 1990 fueron herramientas poderosas para promover la integración regional, impulsando el comercio intrarregional un 64%, en promedio. Sin embargo, los resultados también muestran que este nuevo regionalismo, con configuraciones subregionales, fue muy inefectivo para materializar su principal motivación económica: impulsar la competitividad en el exterior. De hecho, en contraste con el crecimiento del comercio intrarregional, los ACP redujeron las exportaciones al resto del mundo cerca de 40%, en promedio, producto en parte de la enorme fragmentación del proceso de integración.

Ante este escenario, el BID propone la creación de un gran acuerdo regional sólido y amplio, un Tratado de Libre Comercio de América Latina y Caribe de bienes y servicios (TLC-ALC) que permita lograr masa crítica para aprovechar ganancias de escala para competir en el exterior. Un TLC-ALC permitiría superar dos grandes obstáculos de la integración regional actual: la falta de enlaces entre las tres principales economías de la región, principalmente entre Argentina y Brasil por un lado y México por el otro, y la maraña existente de reglas de origen (RO) que eleva los costos de utilizar insumos regionales y, por ende, limita la formación de cadenas regionales de valor.