Diciembre, 2016

América Latina y China: Nuevos caminos, nuevos enfoques necesarios

By Federico Mazzella Diciembre, 2016
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  Ideas de Integración n244

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El INTAL participó de una conferencia internacional en Chile con expertos de la región y de China donde se debatió el futuro de la relación con el gigante asiático.

Una reciente conferencia internacional, “La nueva fase de China: Implicancias para América Latina”, llevada a cabo en la Universidad de Chile,[1] reunió a una veintena de especialistas y abordó un apretado programa en un momento singular de la relación entre el gigante asiático y la región. La actividad se articuló en torno a cuatro grandes temáticas:

  • El posicionamiento de China en la nueva normalidad del comercio mundial
  • El nuevo patrón de crecimiento chino y sus potenciales efectos sobre América Latina y el Caribe
  • El vínculo con China y su efecto sobre aquel con los socios tradicionales de la región
  • La desaceleración de China y las economías latinoamericanas y caribeñas

 

  1. China y la nueva normalidad del comercio

Este tema fue abordado en la conferencia inaugural por Alejandro Ramos M., Economista Senior del BID-INTAL. En el contexto de la nueva normalidad del comercio, el expositor destacó dos aspectos específicos de la evolución de la demanda de China como impulsora del intercambio global. En primer lugar, señaló que en 2013 el coeficiente de participación de las importaciones de China en el comercio mundial alcanzó un máximo (9,2% y 9,8% a precios corrientes y a precios constantes, respectivamente), para luego estancarse. El dato es relevante porque interrumpe la tendencia de persistente ascenso de la participación de la demanda de este país en el comercio mundial, no afectada ni siquiera por la crisis de 2008-2009. Aunque es prematuro sostener que se trata de un hecho irreversible, si es un elemento significativo de la post-crisis, ya que apuntaría hacia el enfriamiento de uno de los elementos impulsores del gran dinamismo del comercio mundial en las últimas dos décadas.

En segundo lugar, presentó un indicador de la evolución de la “intensidad importadora”[2] de China y del comercio mundial, comparando la situación previa y posterior a la crisis, con cifras desagregadas por tipos de producto: manufacturas industriales y productos básicos y sus derivados. Significativamente, en el periodo previo a la crisis (1996-2008) este indicador muestra que la intensidad importadora de China fue similar a la media mundial. Dado que esta economía no tenía una propensión importadora más alta que la media, la espectacular expansión de sus compras externas dependió esencialmente la alta tasa de crecimiento de su producto. Por tipo de bienes, la intensidad importadora de China en manufacturas fue muy similar a la de la media mundial, mientras que la correspondiente a productos básicos fue superior a la media, un resultado esperable dado su déficit de materias primas y su estrategia de crecimiento basada, en parte, en el ahorro interno y la expansión de la infraestructura.

 

 

INTENSIDAD IMPORTADORA DEL COMERCIO MUNDIAL Y DE CHINA

(Coeficientes)

 

  1. AUGE: 1996-2008

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  1. ESTANCAMIENTO: 2012-2015
Fuente: BID-INTAL con datos de la Oficina Holandesa de Análisis de Política Económica (CPB), de las Aduanas de China y del FMI.

Fuente: BID-INTAL con datos de la Oficina Holandesa de Análisis de Política Económica (CPB), de las Aduanas de China y del FMI.

 

Nota: La “intensidad” corresponde al cociente entre la tasa media de crecimiento anual de las importaciones reales y la del PIB (del mundo y de China) en los periodos indicados; los años de referencia de las tasas de variación son, respectivamente, 1995 y 2011; MOI: Manufacturas de Origen Industrial, PByD: Productos Básicos y Derivados.

En la fase más reciente de estancamiento del comercio, la intensidad importadora de China se redujo, particularmente en lo que respecta a las corrientes de manufacturas, mientras que su demanda de productos básicos, si bien menos vibrante que la del periodo de auge, sigue siendo superior al promedio mundial. Es decir, el fenómeno de enfriamiento de la demanda externa de China estaría vinculado sobre todo a las corrientes de manufacturas, y no a las de productos básicos. Para el caso de los países proveedores de materias primas de América Latina y el Caribe esto implica que han seguido aprovechando el dinamismo del mercado chino, aunque a un ritmo inferior al del periodo de auge. Por otra parte, el debilitamiento de las compras chinas de manufacturas puede estar vinculado a cierta erosión de las cadenas de valor, motivada por fenómenos incipientes de relocalización de estas industrias en países desarrollados y por la maduración de la capacidad productiva de la propia China que deja de ser importadora de partes y componentes que ahora puede elaborar.[3]

 

  1. El nuevo patrón de crecimiento de China y América Latina y el Caribe

Este tema fue tratado por Sergio Cesarín (Universidad Tres de Febrero, Argentina), Wu Guoping (Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad de Ciencias y Tecnología del Suroeste de China), Andrea Pellandra (CEPAL) y Álvaro Echeverría del Hong Kong Trade Development Council.

Los enfoques, en gran medida coincidentes, presentan la actual etapa de China como una necesaria “transición dentro de la transición” una vez alcanzado un punto cercano a la no sostenibilidad en la modalidad previa de desarrollo, basada en un crecimiento extensivo, centrado en una elevada inversión en infraestructura, con un uso prominente de energía y materias primas, y que podría estar expuesta a tensiones demográficas. En contraste, el XIII Plan Quinquenal (2016-2020) visualiza una economía “moderadamente próspera”, basada en el desarrollo de alta tecnología, con reestructuración de varios sectores, eco-sostenible, con mayor participación del consumo final y los servicios, y la extensión de la clase media y de redes de protección social. El nuevo sendero previsto prevé la continuidad del proceso de urbanización y modernización agrícola, con un desarrollo coordinado entre las áreas urbanas y rurales, en el que toda la población pueda disfrutar de los beneficios del desarrollo.

Las implicaciones de este nuevo escenario para América Latina y el Caribe apuntan a una consolidación de los logros alcanzados hasta ahora en el vínculo económico, aunque presentan grandes desafíos de innovación para profundizar la relación. Los impactos pueden clasificarse en dos grandes áreas: la estructura productiva de la región y la agenda de políticas. En el primer aspecto, la capacidad de estímulo de la economía china para los países que son complementarios en su comercio de materias primas se mantendría, posiblemente con una menor, pero significativa, intensidad. Desde el punto de vista de la demanda, el previsible mayor componente de consumo propio de la nueva etapa ofrecería nuevas, aunque complejas, posibilidades de diversificación de las canastas exportadoras, incluyendo servicios y turismo. Vínculos productivos más densos, con la mediación de IED y de cooperación tecnológica serían posibles, pero requerirían esfuerzos de coordinación mayores que los tradicionales. Estos deberían ser compatibles con la orientación de la nueva estrategia de desarrollo de China, que mantiene la tendencia a la apertura y prevé una mayor participación en la gobernanza global y un aumento de la cooperación.

Para países que compiten con China en manufacturas, como México y Centroamérica, un horizonte de salarios crecientes en ese país permitiría sostener espacios de competitividad, en particular en terceros mercados; esto sería extensible en cierto grado a las actividades industriales de los países sudamericanos de mayor escala.

En cuanto a la agenda de políticas, el nuevo escenario es singularmente desafiante en la medida en que requiere de mayores grados de elaboración, prospectiva y coordinación. La posibilidad de enriquecer el sector exportador de la región con productos de mayor valor agregado colocados en el mercado chino necesita un esfuerzo estratégico en el cual una profundización de los propios vínculos de cooperación regional (por ejemplo, entre la Alianza del pacífico y el MERCOSUR) pueden potenciar la capacidad negociadora y de los países. Los esfuerzos de promoción exportadora deberían multiplicarse, con una economía china cuyo crecimiento comienza a ser menos extensivo, pero de mayor calidad y profundidad.

 

  1. China, América Latina y el Caribe y sus socios tradicionales

Walter Sánchez (Universidad de Chile), Francisco Urdinez (Universidad de Sao Paulo) y Detlef Nolte (Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales), discutieron las líneas de fuerza y tensión en la geometría triangular que expresa la relación entre América Latina y el Caribe, sus tradicionales socios occidentales y China.

La gran cuestión que rodea esta discusión gira en torno al significado y las implicaciones del surgimiento de China como un poder económico relevante en el juego mundial. El status quo global de los últimos años estaría caracterizado por el predomino de fuerzas hacia la convergencia en la diversidad, una situación en la cual se mantiene un poder dominante, aunque este se ha visto sometido a mayor competencia por parte de China, pero también de otras naciones, incluido un mayor peso de los países del Sur. La estabilidad de este escenario no está garantizada en la medida en que se detectan efectos del menor crecimiento económico global y aspectos disfuncionales en los sistemas políticos de varios países desarrollados. El espacio de negociación de América Latina y el Caribe podría hipotéticamente verse ampliado en la medida en que lograse consolidar cooperativamente una agenda diplomática más profunda.

Por otra parte, el vínculo triangular América Latina y el Caribe-Occidente-China puede conceptualizarse en tres opciones, sobre ninguna de las cuales existe evidencia clara de predominio hasta el momento. En ese vínculo, la diplomacia china podría: (i) buscar un cuestionamiento de la hegemonía de Occidente, (ii) mantener una posición pasiva frente al desarrollo de un vínculo que estaría determinado esencialmente por ventajas económicas, o bien, (iii) la diplomacia de América Latina y el Caribe se orientaría a desarrollar el vínculo con China como mecanismo de diversificación, con un predominio de objetivos económicos. Por último, en el caso específico de la relación entre América Latina y el Caribe y la UE, el crecimiento de la relación económica de la región con China podría interpretarse como una tendencia sustitutiva del vínculo con Europa. Esto parece estar respaldado por la pérdida de importancia relativa del socio europeo si se mira el comercio de bienes, frente al fortalecimiento de los flujos con China. Sin embargo, un análisis en términos de IED ofrece un panorama distinto. Más importante es el hecho de que la interpretación del “vínculo sustitutivo” no toma en cuenta que la propia UE ha profundizado sus lazos económicos con China. Se trataría pues, más bien, del creciente surgimiento de relaciones de complementariedad, donde predominan intereses de tipo económico que se retroalimentan positivamente.

 

  1. La desaceleración de China y América Latina y el Caribe: los varios universos

Francisco Luis Corsi (Universidad Estadual Paulista), Leonardo Stanley (CEDES, Argentina), Alberto Cañas (Prochile), Gustavo Bittencourt (Universidad de la República de Uruguay), Ignacio Bartesaghi (Universidad Católica de Uruguay) y José Luis León (Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco de México), desarrollaron varias implicaciones del nuevo ritmo de crecimiento de China para la región.

La desaceleración del crecimiento de China y los fenómenos asociados (menor potencia importadora y debilitamiento de los mercados de productos básicos) ha impactado a las economías cuyo vínculo comercial está centrado en esos bienes. Sin embargo, los efectos de estos fenómenos son muy desiguales. Las exportaciones de Brasil a China se han visto fuertemente afectadas, aunque la recesión actual no puede explicarse únicamente por este factor ya que intervienen condicionantes precedentes, relacionados con la trayectoria macroeconómica. La escala de la economía brasileña, la poca profundidad de su relacionamiento externo, y las dificultades para alinearla competitivamente se reflejan en la concentración de sus exportaciones de materias primas a China. También Argentina enfrenta el desafío de incrementar su canasta exportadora hacia el gigante asiático a la vez que requiere un perfeccionamiento de sus políticas de atracción de IED, necesaria para el desarrollo de infraestructura. En la coyuntura de debilitamiento de sus exportaciones de cobre a China, Chile ha logrado captar beneficios de su estrategia de diversificación, incorporando más productos a su oferta exportable, gracias al impulso de su acuerdo comercial preferencial y de sólidas políticas de promoción de exportaciones. Una proyección de largo plazo de las exportaciones de Uruguay centradas en materias primas muestra, más que limitaciones de demanda, restricciones de oferta; esto refuerza la necesidad de lograr una canasta más diversificada para aprovechar el dinamismo y la extensión del mercado chino. La multiplicidad de formas y niveles de integración y cooperación que ofrece China debería ser una ocasión para que los países de la región desarrollen una diplomacia creativa que permita potenciar los beneficios mutuos de ese vínculo. Sin embargo, como lo muestra el ejemplo de México, esa no es una tarea sencilla y en la que puedan esperarse resultados provechosos surgidos meramente de un desarrollo inercial de la relación. Cabe notar que, desde el ángulo de China, parece existir una predisposición a elaborar una agenda diplomática en la que se estructure una relación que derrame amplios beneficios a todas las partes. Serían señales de ello la reciente visita del Presidente Xi Jinping a Ecuador, Perú y Chile y su asistencia a la reunión de APEC ‑la tercera gira a la región en tres años‑, así como la publicación de un segundo documento sobre política de China hacia América Latina y el Caribe. Parece entonces oportuno y necesario un esfuerzo profundo para generar nuevos enfoques que sostengan productivamente lo que constituye la mayor novedad para sector externo de América Latina y el Caribe en muchas décadas: la presencia de China como un actor protagónico del comercio y la IED mundial.

[1] El evento fue patrocinado por el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, la Fundación Konrad Adenauer (a través de su Programa Regional de Políticas Sociales en América Latina) y el Hong Kong Trade Development Council; y organizado por la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM).

[2] El indicador “normaliza” la tasa de crecimiento promedio de las importaciones reales con la tasa de crecimiento del PIB; es decir, es una estimación aritmética de la “elasticidad” importadora.

[3] Véase La metamorfosis tecnológica de China y el comercio mundial, en Conexión INTAL, Nº 239, julio, 2016.

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