Febrero, 2017Redacción: Kathia Michalczewsky

Factores de desarrollo del comercio electrónico

By Federico Mazzella Febrero, 2017
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Redactor: Kathia Michalczewsky
Categorías:
  Ideas de Integración n246

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No basta con acceder a la red.

¿Qué es el comercio electrónico?

Hay distintas definiciones de comercio electrónico. Es útil comenzar por una clasificación que se ha hecho usual y que separa las modalidades según los actores involucrados:

  • B2B (business to business): entre empresas.
  • B2C (business to consumer): entre empresas y el público general.
  • C2C (consumer to consumer): transacciones entre individuos.
  • B2G (business to government): operaciones entre empresas y gobierno.
  • C2B (consumer to business): plataformas mediante las cuales los consumidores pueden vender productos a las empresas, que generalmente las revenden posteriormente.

Lo que es común a todas estas variantes es la utilización, parcial o completa, de tecnologías de “comunicación a distancia”, en el sentido de que permiten que la transacción se concrete sin necesidad de que las partes estén en contacto al mismo tiempo, o que estén en el mismo lugar. En particular, esto comprende todas las transacciones de bienes o servicios que se realicen en línea a través de computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes, puntos de venta o tecnología portable (smart–wearables).[1] Este artículo se concentra en la modalidad B2C.

La vía de acceso al comercio electrónico: la red

Para comprar y vender electrónicamente, hay, pues, que navegar en la red. ¿Cuántas personar pueden hacerlo? Según Internet World Stats, a junio de 2016 la mitad de la población mundial (cerca de 3,7 mil millones de personas) podía moverse en este medio: diez veces más que en el 2000. Según el reporte de la Fundación Ecommerce de 2016, el año precedente 1,4 mil millones de este total realizó alguna compra por vía electrónica.

Asia es la región con mayor cantidad de internautas como de compradores en línea, lo cual tiene sentido considerando que es también la de mayor población total. No obstante, su ratio de penetración (cantidad de personas con acceso a la red sobre la población total) es de 46%, solo África tiene un porcentaje menor (Gráfico 1). Norteamérica, Europa y Oceanía son los de mayor proporción de internautas dentro de su total de habitantes (89%, 74% y 73%, respectivamente). América Latina y el Caribe tiene un nivel de penetración de 62%, con ciertas heterogeneidades hacia dentro de la región: el mayor ratio lo tiene Sudamérica (67%), seguido por Centroamérica (53%) y por último el Caribe (44%).

Gráfico 1. Porcentaje de personas con acceso a internet sobre población total

Al 30 de junio de 2016

Fuente: BID – INTAL con base en datos de Internet World Stats

Fuente: BID – INTAL con base en datos de Internet World Stats

 

Navegar y comerciar

A pesar de tener una importante proporción de su población con acceso a la red, 10% del total global de internautas, América Latina y el Caribe (ALC) solo representa 2,2% del mercado mundial de comercio electrónico B2C, que en 2015 ascendió a US$ 2.273 miles de millones (Gráfico 2).[2] La mitad del monto comerciado electrónicamente en 2015 lo explica Asia Pacífico; Norteamérica y Europa representan 28% y 22%, respectivamente.

Gráfico 2. Valor del comercio electrónico B2C, 2015

Miles de millones de US$

2

Fuente: BID – INTAL con base en datos de Fundación Ecommerce (2016).

 

En un escenario de la economía y del comercio mundiales donde persisten tensiones recesivas y deflacionarias que afectan con intensidad a ALC,[3] el comercio electrónico surge como un elemento dinamizador. Además, se observa que la región cuenta con mucho espacio para desarrollar esta forma de comerciar: cuenta con ratios de penetración altos de internet, pero niveles bajos de compras en línea.

Brasil y México, las mayores economías de la región, son también los mercados más grandes de comercio electrónico actualmente (Gráfico 3). Se estima que en 2015 las transacciones electrónicas alcanzaron US$ 16,9 miles de millones en México, y US$ 15,9 miles de millones en Brasil. Otras economías latinoamericanas para las que hay datos son Argentina y Chile, en las que el comercio digital sumó US$ 4,8 y US$ 2,0 miles de millones en 2015, respectivamente.

En comparación con el intercambio de bienes, el comercio electrónico es equivalente a alrededor de 8% en Argentina y Brasil, y 4% en Chile y México (a nivel global esta proporción alcanza 18%). Estos cuatro países mostraron tasas de expansión del intercambio digital superiores al promedio mundial (20%) en 2015: Argentina creció 71% -la segunda tasa de expansión más alta a nivel global después de India-, Brasil 22%, Chile 25% y México 27%.

Gráfico 3. Valor y tasas de crecimiento del comercio electrónico B2C en economías latinoamericanas seleccionadas y el mundo

En miles de millones de dólares, 2014-2015

1

Fuente: BID – INTAL con base en datos de Fundación Ecommerce (2016).

¿Qué indicadores de desempeño hay?

Ante este panorama, resulta relevante preguntarse cuáles son los factores que estimulan u obstaculizan el desarrollo del comercio electrónico en general, y el transfronterizo en particular. Aunque los datos sobre comercio electrónico aún presentan dificultades para su recolección y análisis, existen algunos estudios e indicadores que permiten ahondar en el desempeño de los países (Cuadro 1).

Cuadro 1. Índices de medición del desempeño del comercio electrónico

Fuente: Elaboración propia.

EIU A.T. Kearney UNCTAD
Objetivo Medir el grado en el que los países fomentan el comercio electrónico transfronterizo a través de políticas, regulación e infraestructura- Clasifica los países según el atractivo potencial para el desarrollo de la venta minorista en línea. Evaluar el grado de preparación de los países para el comercio electrónico.
Tipo de comercio electrónico Sin especificar B2C B2C
Cobertura geográfica 19 países 30 países 137 países
Países de América Latina incluidos Argentina, Brasil y México Argentina, Brasil, Chile, México y Venezuela Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Honduras,  México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Venezuela
Actualización y disponibilidad de serie histórica Única medición en 2014 Disponible desde 2012, se actualiza anualmente. Último disponible: 2015. 2014 y 2016
Nro. De subíndices que lo componen 40 indicadores agrupados en cinco categorías: clima de inversiones, entorno de Internet, ambiente para el comercio internacional, marco  regulatorio y legal, y medio para pagos electrónicos. Cuatro métricas: tamaño del mercado en línea; adopción de tecnologías y comportamiento del consumidor (calculados con base en tres indicadores); infraestructura financiera y logística; y potencial de crecimiento. Cuatro indicadores: Penetración del uso de Internet, servidores seguros por millón de habitantes, uso de tarjetas de crédito y una medida de confianza sobre los envíos postales.

En 2014, The Economist Intelligence Unit (EIU) realizó un estudio donde presenta un índice que permite clasificar a los países según el grado en que fomentan el comercio electrónico transfronterizo a través de políticas, regulación e infraestructura; la Fundación Ecommerce publica en sus informes anuales el Índice global de Comercio Electrónico Minorista de la consultora A.T. Kearney, el cual analiza el atractivo potencial de los países para el desarrollo del comercio electrónico; y la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) también construye un índice de comercio electrónico B2C que evalúa el grado de preparación de los países para el comercio electrónico. Aunque estos tres índices no tienen objetivos idénticos, resulta útil su comparación en pos de destacar los factores más relevantes que influencian la evolución del comercio electrónico.

En términos comparativos el índice construido por EIU (2014) es el más completo ya que está compuesto por 40 indicadores. Sin embargo, se estimó por única vez y no cuenta con actualizaciones, a diferencia de los índices de A.T. Kearney y de UNCTAD. Otra diferencia entre estos índices es su cobertura: mientras que el de EIU abarca solo 19 países -entre los cuales solo se encuentran tres latinoamericanos: Argentina, Brasil y México-, A.T. Kearney cubre 30 –suma a Chile y Venezuela de la región-, y UNCTAD alcanza a 137, incluyendo catorce latinoamericanos y caribeños –los cinco mencionados más Bolivia, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana-.

Considerando la composición de los índices, cada uno de los cinco aspectos que analiza EIU (2014) está a su vez compuesto por un conjunto de indicadores que miden clima de inversiones, entorno de Internet, ambiente para el comercio internacional, marco  regulatorio y legal, y medio para pagos electrónicos.

Algunos de los elementos que éstos índices tienen en común son:

  • Acceso a la red;
  • Uso de tarjeta de crédito;
  • Número de servidores seguros por millón de habitantes (medido por EIU y UNCTAD);
  • Indicadores de logística (incluidos en índices de A.T. Kearney y UNCTAD).

 

Las métricas y los factores que pesan en la región

Los estudios e indicadores comentados pueden leerse en función de las políticas, medidas y factores que fomentan el desarrollo del comercio electrónico. La identificación los elementos presentes en países con índices favorables permite contrastar los respectivos niveles en los países de América Latina estudiados. Dada las diferentes aproximaciones metodológicas y coberturas de estos índices, no es sorprendente que sus resultados sean muy distintos, poniendo el énfasis cada uno en variables diferentes.

Según el EIU (2014) Australia es el país mejor preparado para desarrollar el comercio electrónico internacional por tener acceso a internet a costos razonables, un marco regulatorio profundo sobre comercio electrónico, amplia utilización de medios de pago electrónicos, y alta penetración de teléfonos inteligentes. Los tres países latinoamericanos incluidos en este índice están por debajo de la mitad de la tabla: México decimosegundo, Brasil decimotercero y Argentina última. México y Argentina se destacan solo en el aspecto de pagos electrónicos, y Brasil en clima de inversión.

En el índice de A.T. Kearney, Estados Unidos y China ocupan los primeros lugares de la tabla. El índice pondera fuertemente el tamaño del mercado, y esto explica la ubicación de las dos economías más grandes del mundo al tope de la tabla. El primer latinoamericano en aparecer es México en el puesto diecisiete, seguido por Chile en el decimonoveno, Brasil en el vigesimoprimero, Venezuela en el vigesimocuarto, y Argentina anteúltimo. De nuevo, el factor tamaño afecta negativamente a los países latinoamericanos en la ponderación de este índice. Algunos aspectos que a destacar que surgen de este índice son, por un lado, el gran potencial de crecimiento de México, y por otro, los desafíos de infraestructura en Argentina y Brasil.

Por último, el índice construido por UNCTAD ubica a Luxemburgo como la economía mejor preparada para desarrollar el comercio electrónico B2C por tener un sector financiero desarrollado que incrementa la calificación en el ámbito de seguridad de sus servidores y por contar con una buena red de logística. Entre las diez primeras del ranking se encuentran seis europeas, tres de Asia Pacífico y Estados Unidos. Uruguay es el primer país latinoamericano en aparecer en la lista, en el puesto 39, seguido por Chile en el 43. La alta penetración de internet y la relativamente alta proporción de personas con tarjeta de crédito explican el desempeño de estas dos economías.

En resumen, el comercio electrónico no es ajeno a los factores conocidos que impulsan el intercambio en general: ambiente de negocios, estabilidad macroeconómica, acceso a financiamiento, mano de obra capacitada y marcos regulatorios acordes.

No obstante, se observa también que los países mejor calificados para el desarrollo del comercio electrónico en los índices construidos hasta el momento han aplicado algunas medidas específicas que fomentan su expansión. Entre las principales se encuentran el acceso a la red, la existencia de servidores seguros, la difusión de la tarjeta de crédito como medio de pago, y la infraestructura tanto financiera como de logística para que se concreten las transacciones.

Los países de América Latina han mostrado un fuerte crecimiento en el acceso a internet en los últimos años, pero esta expansión no se ha reflejado totalmente en la evolución del comercio electrónico. Una evaluación más profunda de algunos de los factores que los índices analizados presentan como débiles (infraestructura, regulación, seguridad, etc.) debería contribuir a identificar las políticas que los impulsen.[4]

 

Bibliografía

Economist Intelligence Unit (2014). The G20 e-Trade Readiness Index. Commissioned by ebay inc.

Gayá, R. (2015). El comercio electrónico y la inserción internacional de América Latina y el Caribe. Conexión INTAL, Columna de Análisis Nro. 229.

Ecommerce Foundation (2016). Global B2C Ecommerce Report 2016. Light Version. Amsterdam.

Kearney, A.T. (2016). The 2015 Global Retail E-Commerce Index. Global Retail E-Commerce Keeps On Clicking.

UNCTAD (2016). UNCTAD B2C E-commerce Index 2016. Technical Notes on ICT for Development, N°7.

_______ (2015). Information Economy Report. Unlocking the potential of E-commerce for Developing Countries. Division on Technology and Logistics. Nueva York y Ginebra.

 

[1] Véase el Reporte de la Fundación Ecommerce. La definición utilizada pone el énfasis en la particularidad que tiene el medio mediante el que se comercia, independientemente del tipo de productos que se comercian. Por ejemplo, esos productos pueden ser bienes o servicios tradicionales tanto como productos específicamente digitales: música, libros, o imágenes electrónicas; programas y aplicaciones, etc.

[2] Datos de la Fundación Ecommerce (2016).

[3] Véase el Monitor de Comercio e Integración 2016 y las Estimaciones de las Tendencias Comerciales de América Latina y el Caribe.

[4] “Comercio electrónico en América Latina: la brecha normativa”, en esta misma edición de Conexión INTAL, explora los factores regulatorios, en especial los que inciden en la confianza de los involucrados en las transacciones de este tipo.

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