Agosto, 2017Redacción: Carlos D'Elía

Análisis del TLC Chile-Uruguay

By Federico Mazzella Agosto, 2017
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Redactor: Carlos D'Elía
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  Ideas de Integración n252

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Un acuerdo de última generación que fortalece vínculos productivos y de inversión.

En el marco del proceso de aproximación que se viene dando entre la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR, el 4 de octubre 2016 en la ciudad de Montevideo, Uruguay y Chile firmaron un Tratado de Libre Comercio (TLC) con el que buscan profundizar sus relaciones económicas y el intercambio de bienes y servicios. Las negociaciones se iniciaron en febrero de ese mismo año y tras cuatro rondas de conversaciones y la revisión legal de los textos, se alcanzó pleno consenso.

El texto, que aún debe ser aprobado por ambos parlamentos, consta de veinte capítulos. Por un lado, recoge las áreas ya acordadas en el Acuerdo que Chile mantiene desde 1996 con el MERCOSUR, en el marco del Acuerdo de Complementación Económica (ACE) N° 35. Por otro, incluye algunos capítulos novedosos que hacen que sea descripto como un acuerdo innovador y de última generación. Esos capítulos se refieren a PyMES, comercio electrónico, normas laborales, medio ambiente, cooperación, género y comercio, propiedad intelectual y transparencia y anticorrupción. Asimismo, este convenio se complementará con los Acuerdos previamente firmados entre Uruguay y Chile en materia de promoción y protección de inversiones, de complementación económica y para evitar la doble imposición tributaria, también este último aún pendiente de ratificación por parte de ambos países.

En cuanto a la pequeña y mediana empresa, se crea un Comité de PyMES, integrado por representantes gubernamentales de ambos países, que deberá identificar formas de asistirlas, intercambiar y discutir experiencias y mejores prácticas para apoyar la exportación de estas firmas, desarrollar y promover la realización de seminarios, talleres y otras actividades, mejorar programas de asesoramiento, asistencia y formación en exportación y asistir en la integración efectiva a las cadenas de suministro global.

El capítulo de género es una de las principales novedades de este acuerdo, con el cual ambos países buscan estimular la presencia de la mujer en el comercio internacional. Entre otros lineamientos, en este capítulo las partes reconocen la importancia de la incorporación de la perspectiva de género en la promoción de un crecimiento económico inclusivo, así como el rol instrumental que las políticas de género pueden desempeñar en la consecución de un mayor desarrollo socioeconómico sostenible. Del mismo modo, reafirman su compromiso de implementar efectivamente su normativa, políticas y buenas prácticas relativas a equidad e igualdad de género.

Actualmente el comercio entre Chile y Uruguay ya está libre de aranceles, según lo establecido en el ACE N° 35, del cual el país trasandino ya es miembro pleno. Sin embargo, en el acuerdo más reciente es novedosa la incorporación de normas sobre facilitación de comercio, las cuales buscan agilizar y reducir el costo del intercambio transfronterizo, garantizando su seguridad y protección. En ese sentido, establecieron una serie de compromisos para facilitar el despacho de mercancías e intercambio de información entre ambas aduanas y una serie de procedimientos aduaneros orientados a transparentar y agilizar el flujo del comercio bilateral, lo que redunda en importantes beneficios para los operadores económicos. Cabe notar que este avance se hace en el contexto del acuerdo multilateral que se alcanzó en Bali.[1]

Vinculado con la facilitación del comercio, en el capítulo dedicado a la transparencia, se establece que los Estados deberán publicar con antelación a su entrada en vigor las normas, procedimientos y resoluciones administrativas que puedan afectar el comercio y la inversión entre las partes, y habilitar a los interesados a formular comentarios sobre las medidas propuestas.

En cuanto a otro ámbito recientemente abordado en varias negociaciones, el comercio electrónico, ambos países asumen compromisos que apuntan a alcanzar un alto estándar y disciplinas modernas que regirán este tipo de intercambio, tales como normas sobre localización de equipos informáticos y disposiciones orientadas a mantener un flujo transfronterizo fluido de información. Ambas regulaciones permitirán que internet funcione como catalizador de la innovación y el desarrollo económico, permitiendo el aprovechamiento del potencial exportador de productos digitales uruguayos y chilenos, y creando condiciones para aumentar el comercio de bienes y servicios diversos

En materia de propiedad intelectual el Acuerdo establece que ambos países deben ratificar o adherir al convenio de parís para la Protección de la Propiedad Industrial, al Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y artísticas, así como al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (TCMP).

Además, de los temas descriptos previamente el tratado incorpora, entre otros, capítulos sobre medidas sanitarias y fitosanitarias, obstáculos técnicos al comercio, propiedad intelectual, reglas de origen y comercio transfronterizo de servicios.

El acuerdo entre Chile y Uruguay reviste una importancia especial en la medida en que vincula más profundamente dos economías integrantes, respectivamente, de la Alianza del Pacífico y del MERCOSUR. En este sentido, constituye un hito del proceso de aproximación que se está llevando a cabo entre ambos bloques, el cual tuvo como acontecimiento destacado el reciente Seminario MERCOSUR-Alianza del Pacífico: “Una agenda positiva para la integración” desarrollado en la ciudad de Mendoza, Argentina, en el marco de la L Cumbre del MERCOSUR.

 

Principales rasgos del comercio y las inversiones bilaterales

El intercambio comercial entre Chile y Uruguay totalizó US$ 293 millones en 2016, sin embargo, en línea con el resto de la región, acumula desde 2014 una contracción del 45%, más profunda que la del comercio mundial. El saldo bilateral es levemente favorable a Uruguay (US$ 23 millones en 2016), con exportaciones chilenas al mercado uruguayo que totalizaron US$ 135 millones, mientras que las importaciones alcanzaron US$ 158 millones.

Evolución del intercambio comercial Chile-Uruguay, 1996-2016

millones de dólares

17

Fuente: INTRADE

 

 

La composición sectorial del flujo de comercio bilateral muestra una significativa participación de productos químicos. En 2016, este sector explicó 17,4% de las exportaciones de Chile a Uruguay, principalmente por las ventas de cloruro de potasio, y casi 35% de las importaciones, entre las que sobresalen las de medicamentos. La presencia de estas manufacturas de origen industrial hace particularmente interesante estos flujos bilaterales, en el que también es significativa la de manufacturas basadas en recursos naturales.

 

Composición del comercio Chile-Uruguay, 2016

participación en porcentaje

16

Fuente: INTRADE

A nivel de productos, las exportaciones chilenas a Uruguay se encuentran algo más diversificadas que las importaciones procedentes de ese mercado, considerando que los primeros cinco productos concentran 27% del total exportado y casi 50% del total importado. En el primer caso, sobresalen preparaciones alimenticias diversas, abonos (cloruro de potasio), vino y salmón. Por su parte, las importaciones de Chile procedentes del mercado uruguayo se concentran en medicamentos para usos terapéuticos o profilácticos, carne bovina deshuesada, fresca o refrigerada, y trigo.

En cuanto al flujo de inversiones bilaterales, a diciembre de 2016, Uruguay ha sido receptor de US$ 4.572 millones de inversiones chilenas, equivalentes al 4% de la inversión directa chilena total, lo que lo ubica en el sexto lugar entre los principales destinos elegidos por los capitales trasandinos. Asimismo, unas 70 empresas de origen chileno mantienen inversiones en Uruguay, las que se concentran especialmente en el sector industrial (casi el 80%) y, en menor medida, en los sectores de servicios y agropecuario-silvícola, ambos con una participación similar en torno del 10%.[2] La presencia de inversiones en este último sector es interesante en la medida en que hacen parte de un complejo de elaboración de productos derivados de la industria silvícola con importante proyección global.

Finalmente, cabe esperar que fruto del acuerdo se intensifique el intercambio de manufacturas, tanto de origen industrial como agropecuario que actualmente sobresalen en el flujo de comercio bilateral, el comercio de servicios, así como un crecimiento en los flujos de inversión directa.

Referencias bibliográficas:

Giordano, Paolo (2014), Coord. “Monitor de Comercio e Integración 2014: Vientos Adversos”. Banco Interamericano de Desarrollo.

[1] Giordano (2014).

[2] Datos correspondientes a 2015.

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